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Duermes y sobre tu sueño, la noche. La noche se cierne en la ciudad de niebla. Arriba, en el firmamento, arden nubes de cristal. Y sobre el firmamento, más allá de todo ruido, el vacío del espacio.
 Duermes y mientras la respiración inunda tu pecho, en el espacio nace una estrella. Enormes nubes de gas y de polvo giran y se atraen y gravitan hasta explotar en millones de partículas. La explosión es el origen de la estrella. Su luz incandescente viaja atravesando galaxias, recorriendo la materia oscura, surcando lo profundo del universo. En el cielo terrenal, apenas, se distingue un exiguo destello que palpita. Duermes y sobre tu sueño, la noche detenida por la lluvia. La lluvia cae silenciosa sobre la tierra y se cuaja en las hojas y las ramas de los árboles. Una ráfaga repentina arrastra la niebla contra los cerros. Duermes y mientras sueñas con un río luminoso, en esta montaña silenciosa, escribo para encontrarte. Las palabras me llevan a tu cuerpo lejano, me devuelven tu imagen. Nada es imposible cuando recordamos. Pronto la oscuridad se irá en otro giro de la tierra y la mañana cruzará hasta tu ventana. Un leve rubor te inundará el rostro.  El sol será una flor transparente en tus pupilas.



28/02/2020

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