5

 

La noche nos alcanzó antes de llegar a la playa. Tras las verdes colinas, el mar empezaba a inquietarse. A tientas, por el camino de abrojos, seguimos hasta encontrarnos con el agua oscura. Un solo rumor que rompía en la orilla y, al final, la espuma que tocaba nuestros pies descalzos. El viento se adentraba con furia en el cielo dormido. Tú recogías guijarros blancos que nacían en la arena. Los guardabas en los bolsillos como pequeñas monedas recuperadas de un naufragio. Yo te veía sonreír en la distancia. Te alejabas cada vez más. Solo quedaban las huellas húmedas que borraba una próxima ola. Tuve miedo de perderte. Dije tu nombre y volviste desde la bruma. Temblabas de frío. Un puñado de estrellas tímidas se asomaban entre los nubarrones. Entonces, nos abrazamos y fue suficiente el silencio. El mundo estaba allá, olvidado y lejano, al otro lado del mar. En la isla, apenas llegaba el invierno.

Comentarios

Entradas populares de este blog

7

1

6